Algo que he aprendido a lo largo de los años trabajando con personas es que, por lo general, nos conocemos muy poco y que pocas veces nos paramos a hacer un viaje a nuestro interior. Sincerarnos con nosotros mismos para hacer un análisis de quiénes somos, de cómo somos.

Desde que somos pequeños estamos relacionándonos con el mundo, interactuando con él, con las personas que nos rodean,  reaccionando a las cosas que nos ocurren, haciendo lo que las reglas nos dicen que debemos hacer y ser. Estudiamos, nos casamos, tenemos hijos, trabajamos… crecemos… y de repente, nos preguntamos a dónde vamos con tanta prisa.

Muchas personas se cuestionan hasta qué punto son felices, hasta qué punto están realmente siendo  y haciendo lo que desean. Muchas de ellas toman, de repente, consciencia de que no saben qué quieren o quiénes son.

Parece que la vida es como una carrera que nos empuja con fuerza y con prisas. Vamos sorteando obstáculos, superando retos, cumpliendo objetivos, ejerciendo roles,  y  de repente, no sabemos por qué, un día nos levantamos y nos preguntamos ¿Estoy realmente siendo la persona que quiero ser?

Hace unos años alguien me dijo “Cuando eres mayor y miras hacia atrás, no te arrepientes de lo que has hecho, sino de lo que has dejado de hacer”.

Quizás sea el momento de echarnos a un lado de la carretera, para el motor del coche, echar el freno de mano y desde la quietud echar un vistazo atrás, repasar qué has hecho hasta ahora, y qué  quieres realmente hacer y ser desde este momento. ¿Cómo quieres que sea tu vida desde este momento?

Párate un instante, toma una respiración  profunda e imagina que estás en la sala de un cine. Está vacía. No hay nadie más. Estás solo. Elige una butaca y siéntate.  Se apagan las luces y se ilumina la pantalla. Ahora eres el director de tu propia película futura.

Empieza la proyección y te ves a ti mismo proyectado en la pantalla. Deja volar tu imaginación. ¿Cómo te ves? ¿Qué te ves haciendo? ¿Dónde? ¿Cómo te sientes? ¿Cómo es el lugar en el que estás? ¿Qué oyes? ¿Qué ves en esa película que sea distinto a lo que ves, oyes y sientes hoy?

¿Hay algo que no estás haciendo que quieras hacer?

¿A qué esperas?

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2 Responses so far.

  1. Giorgiana Nastase dice:

    Estoy de acuerdo con el articulo pero añadiria el hecho de que el LIBRE ALBEDRIO es algo que nos da miedo o en lo que no hemos sido educados:es mas fácil seguir a la “manada” que pensar por nosotros mismos o pararnos a averiguar que deseamos de verdad. Pienso que si se nos inculcara desde pequeños como tantas otras cosas que realmente no nos hacen tanta falta para enfrentarnos al mundo real seriamos mucho mas felices y asi en la madurez no nos veriamos ante la necesidad de plantearnos si hemos hecho o dejado de hacer algo que nos apetecia. Realmente es un tema sobre el que se puede debatir largo y tendido.

    • Elena Font dice:

      Muy cierto lo que dices, Giorgiana. Lo importante es que nos enseñen a qué hacer con el miedo. El miedo es una emoción básica que aparece en el ser humano ante la incertidumbre, por lo tanto es algo natural. El miedo no es malo, si sabemos gestionarlo. El miedo nos puede dar por pensar en limitaciones (con lo cual se incrementa) u optar por pensar en posibilidades, con lo cual lo convertimos en nuestro aliado.

      Estoy de acuerdo contigo en que, desde niños, nos deberían de enseñar más cosas para enfrentarnos a la vida.

      Un saludo,
      Elena

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